domingo, julio 19, 2009

El 11 de julio




Llegó el 11 de julio. Mis padres celebraron sus bodas de oro y fue un día muy emotivo, inolvidable y entrañable para todos los que estábamos.

Los preparativos fueron bien: les busqué y encontré el cura y la iglesia, por lo que tuvieron su ceremonia. Muy bonita, por cierto. Estaban nerviosos, pero Pablo, el cura, fue un encanto, atento, cercano y la ceremonia fue amena, con puntos de humor, y hasta los más excepticos (que los había) fueron cambiando de opinión sobre la marcha.

El restaurante, de un hotel cercano, lo eligieron ellos. Habíamos ido a ver varios sitios y ese fue el que más les convenció. La verdad es que estuvo fenomenal porque nos pusieron una mesa enorme, cuadrada y todos estábamos de frente unos a otros. La comida también fenomenal.

Mis padres no querían regalos pero..., no les hicimos caso.

Mis hermanos y yo y por supuesto nietos y parejas, les regalamos las alianzas y un libro digital con fotos.

Los anillos los habían encargado ellos porque estaban como la tarara, que si los queremos, que si no. Al final los encargaron, me lo dijeron y, sin decirles nada, hablé con el joyero, los compramos nosotros y se los llevamos. No lo esperaban.

El libro digital lo preparó uno de mis hermanos con fotos que "les robamos" de sus álbunes, cuando no estaban en casa, y fotos nuestras de todos estos años. Les devolvimos las fotos y no se enteraron de nada. Les encantó.

También recibieron un retrato a carboncillo de dos fotos antiguas suyas que les regaló uno de mis primos. ¡Una preciosidad!

Y una escultura y un entrañable y emotivo libro escrito a mano por mi prima que compartió con nosotros la niñez.

Y alguna cosa más.

El caso es que la emoción afloró en todos los asistentes y nos reíamos a la vez que se nos saltaban las lágrimas.

Mi padre intentó hablar un par de veces, pero casi no podía de lo emocionado que estaba y mi madre, ni lo intentó. No sabía cómo dar las gracias a tantas emociones, que fue lo más importante.

Nos queda pendiente intentar terminar de convencer a uno de mis hermanos para ver si, de sorpresa también, podemos irnos un fin de semana todos juntos, pero no parece que quiera y se está haciendo mucho de rogar. Todo puede ser que nos vayamos sin él, o decidamos al final no irnos, pero bueno, se verá en septiembre.


4 comentarios:

cris dijo...

Qué bonito debe haber estado todo eso!! Me figuro la alegría de tus viejos..con esos regalos preciosos y ojalá se dé lo del paseo todos juntos! Te felicito MAría, es uno de esos momentos en los que disfrutamos con la dicha de nuestros seres queridos que no se olvidarán jamás por otra parte :)

pablo dijo...

la verdad que debe de ser uno de los momentos inolvidables de la vida.
yo haría el viaje con los que quisieseis e intentaria pasarlo en grande
besos

Sonybabe dijo...

Suena precioso,María. Me encantan las reuniones familiares y todas las sensaciones que se dan en ellas. Me alegro mucho y gracias por compartirlo.Un besito.

KiSS!!

Angus dijo...

Me gusta.